Yo sí te quise: de verdad, con lo bueno y con lo malo, sin medias tintas. Te quise en una tarde en casa, entre velas, y en el abrazo de un hombre en un sofá que lo decía todo sin palabras.
Te quise mirándome en el espejo con una mano en el pecho, reconociendo lo que sentía, y sentada al atardecer en una terraza, también con una mano en el pecho. Querer así no se finge: se queda, aunque duela, como prueba de un corazón valiente.
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