Me he acostumbrado tanto a ser fuerte, a tirar para adelante, a resolver, que a veces hasta descansar me hace sentir culpable. Pero no. No tiene por qué ser así.
Hay días para comerse el mundo y otros para respirar, bajar el ritmo y cuidarme un poquito más. Descansar no es rendirse. Parar tampoco es retroceder. A veces avanzar también significa darme permiso para continuar mañana.
Y si hoy no puedo con todo, puede que pueda con lo importante: respirar, cuidarme y no exigirme más de lo que hoy tengo. Mañana ya veremos.
Si hoy te toca uno de esos días, ven con calma. Te dejo Algún día para acompañarte.









