No, hoy tampoco está todo perfecto. Tengo cosas pendientes, problemas que resolver y días en los que mandaría todo a freír espárragos.
Pero hoy me he levantado con algo distinto: ganas. Ganas de poner la música alta, de bailar aunque nadie mire, de reírme de mí misma. Y de recordar que, incluso con todo lo que llevo encima, hoy puedo con la vida.
Mañana ya veremos. No hace falta tener la vida resuelta para disfrutar de un día en el que una se siente bien. Esos días también cuentan, y hay que celebrarlos sin culpa.
Si tú también tienes hoy uno de esos días de «venga, que puedo con esto y con lo que me echen», cuéntamelo. Y si aún esperas que todo se arregle, escucha Algún día.

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