No suavices tu fuego

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Durante mucho tiempo nos enseñaron a suavizarnos. A bajar la voz, a no ser «demasiado», a medir el carácter, a disimular la intensidad para no incomodar.

Pero llega una edad en la que entiendes que no tienes que apagar nada de ti para que alguien quiera quedarse. Quien te quiera bonito no necesitará una versión más pequeña, más cómoda o más silenciosa de ti.

Sabrá que algunos días eres flores y otros, puro fuego. Que puedes ser ternura y carácter, calma y revolución, un abrazo enorme y un «hasta aquí» cuando hace falta.

Por eso me lo digo a mí misma y te lo digo a ti: no suavices tu fuego para que otros puedan acercarse. Quien merezca estar cerca también sabrá quererte cuando ardas. Y tú, sigue floreciendo sin pedir permiso.

Mi canción Alma Abierta va de eso: de vivir con el alma abierta y el corazón valiente.

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