Categoría: Autorreflexiones

Pensamientos en voz alta, escritos desde el alma y en primera persona.

  • Mujer que despierta

    Mujer que despierta

    Un día me miré y me di cuenta de algo: ya no soy la de antes. He cambiado prioridades, he soltado cosas, he aprendido a decir que no, y empiezo a reconocerme de nuevo.

    No estoy volviendo a ser quien era. Estoy despertando siendo más yo que nunca.

    Es una sensación tranquila, sin fuegos artificiales: abrir la ventana por la mañana, respirar hondo y notar que hay más espacio dentro de mí que antes. Que no tengo que demostrar nada, y que puedo caminar a mi ritmo.

    Si hoy sientes que algo en ti también se está despertando, no lo apures. Y si quieres música para acompañarlo, escucha Alma Abierta.

  • Cicatrices nobles

    Cicatrices nobles

    Hay cicatrices que ya no quiero borrar. Porque detrás de cada una hubo una caída, un aprendizaje, una despedida y una versión de mí que decidió seguir.

    Ya no las miro como heridas. Hay una antigua técnica japonesa, el kintsugi, que repara la cerámica rota con líneas de oro y no esconde las grietas, las hace brillar. Algo así siento con mi historia.

    Son la prueba de todo lo que he vivido y de la mujer en la que me he convertido. Con ellas me levanto, con ellas sonrío y con ellas sigo contando lo que me pasó, sin vergüenza.

    Si quieres recordarlo cuando dudes, escucha Alma Abierta.

  • No suavices tu fuego

    No suavices tu fuego

    Durante mucho tiempo nos enseñaron a suavizarnos. A bajar la voz, a no ser «demasiado», a medir el carácter, a disimular la intensidad para no incomodar.

    Pero llega una edad en la que entiendes que no tienes que apagar nada de ti para que alguien quiera quedarse. Quien te quiera bonito no necesitará una versión más pequeña, más cómoda o más silenciosa de ti.

    Sabrá que algunos días eres flores y otros, puro fuego. Que puedes ser ternura y carácter, calma y revolución, un abrazo enorme y un «hasta aquí» cuando hace falta.

    Por eso me lo digo a mí misma y te lo digo a ti: no suavices tu fuego para que otros puedan acercarse. Quien merezca estar cerca también sabrá quererte cuando ardas. Y tú, sigue floreciendo sin pedir permiso.

    Mi canción Alma Abierta va de eso: de vivir con el alma abierta y el corazón valiente.

  • Fuego y primavera

    Fuego y primavera

    Hay días en los que soy fuego. Y otros en los que solo necesito florecer despacito.

    Ya no quiero elegir entre ser fuerte o sensible, intensa o tranquila. Soy las dos. Tengo carácter y un corazón blandito. Tengo fuego para no apagarme y primavera para volver a empezar.

    Me llevó años entender que no hay que escoger. Que la mujer que se enfada y la que llora viendo una película son la misma, y que las dos merecen que las trate bien.

    Si hoy te sientes entre las dos, quédate un rato así. Y si necesitas compañía, aquí tienes Alma Abierta.

  • No todos los días tienes que poder con todo

    No todos los días tienes que poder con todo

    Me he acostumbrado tanto a ser fuerte, a tirar para adelante, a resolver, que a veces hasta descansar me hace sentir culpable. Pero no. No tiene por qué ser así.

    Hay días para comerse el mundo y otros para respirar, bajar el ritmo y cuidarme un poquito más. Descansar no es rendirse. Parar tampoco es retroceder. A veces avanzar también significa darme permiso para continuar mañana.

    Y si hoy no puedo con todo, puede que pueda con lo importante: respirar, cuidarme y no exigirme más de lo que hoy tengo. Mañana ya veremos.

    Si hoy te toca uno de esos días, ven con calma. Te dejo Algún día para acompañarte.

  • Mira todo lo que has avanzado

    Mira todo lo que has avanzado

    A veces necesito parar. No porque quiera rendirme, ni porque ya no pueda más, sino porque llevo tanto tiempo mirando todo lo que todavía me falta que se me ha olvidado mirar todo lo que ya he recorrido.

    Entonces miro hacia atrás un momento. Aquello que pensaba que no superaría, pasó. Los días en los que creía que no podría, pude. Y las veces que me rompí, de alguna manera volví a levantarme.

    Quizá todavía no esté donde quiero estar. Pero, alma guerrera, mira todo lo que he avanzado. Eso también merece que me sienta orgullosa de mí.

    Si hoy necesitas que alguien te lo recuerde, te dejo Todavía te cuento las cosas. Escúchala con calma y mírate con orgullo.

  • Hoy no está todo perfecto, pero hoy puedo

    Hoy no está todo perfecto, pero hoy puedo

    No, hoy tampoco está todo perfecto. Tengo cosas pendientes, problemas que resolver y días en los que mandaría todo a freír espárragos.

    Pero hoy me he levantado con algo distinto: ganas. Ganas de poner la música alta, de bailar aunque nadie mire, de reírme de mí misma. Y de recordar que, incluso con todo lo que llevo encima, hoy puedo con la vida.

    Mañana ya veremos. No hace falta tener la vida resuelta para disfrutar de un día en el que una se siente bien. Esos días también cuentan, y hay que celebrarlos sin culpa.

    Si tú también tienes hoy uno de esos días de «venga, que puedo con esto y con lo que me echen», cuéntamelo. Y si aún esperas que todo se arregle, escucha Algún día.

  • No necesito que me entiendan para saber quién soy

    No necesito que me entiendan para saber quién soy

    Ya no me explico. Si digo que no, es que no quiero, y ya está. Si cambio de idea, no tengo ningún juicio que ganar.

    Ni por quedarme, ni por marcharme, ni por querer una vida distinta a la que esperaban los demás. Que piensen lo que quieran. Yo ya aprendí algo mejor: no necesito que me entiendan para saber quién soy.

    Cuánto tiempo gasté justificando cada paso, pidiendo permiso para algo tan sencillo como escucharme. Hoy camino más ligera, y hay una frase que me resume: al final, son mis zapatos.

    De esa libertad nació Son mis zapatos. ¿Tú también dejaste de pedir permiso para escucharte?

  • Me faltaba yo

    Me faltaba yo

    Durante mucho tiempo pensé que me faltaban cosas. Más tiempo, más seguridad, más oportunidades, más personas, más suerte. Y seguía buscando fuera una respuesta que llevaba conmigo desde hacía mucho.

    Entre cuidar, cumplir, esperar, aguantar y estar pendiente de todo el mundo, me había dejado a mí para después. Mientras le arreglaba la vida a los demás, yo me iba posponiendo, y qué tarde comprendí que yo también estaba aquí.

    Empecé a volver. A hacer planes que me ilusionaran, a reírme sin motivo, a disfrutar de mi propia compañía. A preguntarme «¿qué quiero yo?» sin sentirme egoísta por hacerlo.

    No necesitaba convertirme en otra mujer. Necesitaba reencontrarme con la que había olvidado por el camino. Y qué curioso: desde que volví a elegirme, todo empezó a tener un poquito más de sentido.

    ¿A ti también te ha pasado? Si te apetece acompañarte con música mientras lo piensas, escucha Alma Abierta.

  • A todas las mujeres que fui

    A todas las mujeres que fui

    He sido muchas mujeres a lo largo de mi vida. La que tuvo miedo. La que se equivocó. La que aguantó demasiado. La que empezó de cero. La que se cayó pensando que aquella vez no sabría levantarse.

    También fui la que soñaba muchísimo, la que se reía por cualquier tontería, la que tomó decisiones que hoy quizá tomaría de otra manera.

    Durante mucho tiempo pensé que tenía que dejar atrás a algunas de ellas. Ahora no. Ahora las miro y pienso: gracias. Porque cada una hizo lo que pudo con lo que sabía en aquel momento. Cada caída me enseñó algo, y cada comienzo me trajo hasta aquí.

    No quiero borrar ninguna versión de mí. Quiero abrazarlas a todas y seguir caminando, porque todavía me quedan muchas mujeres por conocer dentro de mí.

    De esto habla mi canción A todas las que fui. Y tú, si pudieras sentarte un ratito con la mujer que eras hace diez años, ¿qué le dirías?