Categoría: Autorreflexiones

Pensamientos en voz alta, escritos desde el alma y en primera persona.

  • Aprender a mirarme con ternura

    Aprender a mirarme con ternura

    Me hablaba fatal. Si se lo hubiera dicho a una amiga, me habría muerto de vergüenza, pero a mí misma me lo decía todos los días: «No llegas», «Otra vez lo has hecho mal», «Podrías esforzarte más».

    Un día me pillé en pleno monólogo frente al espejo y me pregunté: ¿le hablaría así a la niña que fui? La respuesta me partió por dentro y a la vez me abrió una puerta. Desde entonces practico algo muy simple: hablarme como hablaría a alguien a quien quiero.

    No siempre me sale. Hay días de recaída y no pasa nada. Pero cada vez que me trato con cariño, algo en mí se ablanda y se enciende a la vez. De eso va mi música, de esa ternura que se aprende poco a poco. Si quieres acompañarte con una canción, te dejo Alma Abierta.

  • La paz que buscaba fuera siempre estuvo dentro

    La paz que buscaba fuera siempre estuvo dentro

    Busqué la paz en viajes, en personas, en listas de metas, en tenerlo todo bajo control. Cada vez que creía alcanzarla, se me escurría entre los dedos como la arena.

    Lo que me enseñó a pararme fue el silencio. Un rato cada día, sin móvil, sin planes, sentada con una infusión y la ventana abierta. Al principio me incomodaba muchísimo; después descubrí que, debajo del ruido, había una voz tranquila que llevaba años diciéndome que todo iba a estar bien.

    No es magia ni se consigue de un día para otro. Es volver, una y otra vez, a una misma. Y cuando me pierdo, canto. Si te apetece perderte y encontrarte conmigo un ratito, escucha Alma Abierta.

  • Mi pequeño ritual de atardecer para volver a mí

    Mi pequeño ritual de atardecer para volver a mí

    Cuando el día me ha desbordado, tengo un ritual muy simple que me devuelve al centro. No necesita nada especial, solo cinco minutos y ganas de cuidarme.

    Primero abro la ventana y dejo que entre la última luz del día. Después preparo algo caliente, me siento y respiro hondo tres veces, soltando el aire despacio. Luego me pregunto: ¿qué necesito esta noche? A veces es descanso, a veces llorar un poco, a veces poner música y bailar descalza por casa.

    Termino siempre dándome las gracias por haber llegado hasta aquí, aunque haya sido a trompicones. Es mi forma de decirme que estoy de mi lado. Y si me apetece que alguien me acompañe en ese momento, pongo Alma Abierta y dejo que el alma respire.

  • Lo que aprendí cuando por fin me dejé caer

    Lo que aprendí cuando por fin me dejé caer

    Le tenía pánico a caerme. Creía que, si me caía, todo el mundo vería que no era tan fuerte como aparentaba. Así que me agarraba a todo, incluso a lo que ya me hacía daño, solo por no soltar.

    Pero un día me caí de verdad. Y lo curioso es que no me rompí. Lloré, me quedé un rato en el suelo, y desde ahí vi cosas que de pie no veía: lo cansada que estaba, lo poco que me hablaba bien, lo mucho que me había olvidado de mí.

    Hoy sé que levantarse no es hacerlo rápido ni hacerlo perfecto. Es hacerlo a tu ritmo, con las manos llenas de ternura para una misma. Eso mismo canto en Alma Abierta, por si te hace falta escucharlo hoy.