Durante mucho tiempo pensé que me faltaban cosas. Más tiempo, más seguridad, más oportunidades, más personas, más suerte. Y seguía buscando fuera una respuesta que llevaba conmigo desde hacía mucho.
Entre cuidar, cumplir, esperar, aguantar y estar pendiente de todo el mundo, me había dejado a mí para después. Mientras le arreglaba la vida a los demás, yo me iba posponiendo, y qué tarde comprendí que yo también estaba aquí.
Empecé a volver. A hacer planes que me ilusionaran, a reírme sin motivo, a disfrutar de mi propia compañía. A preguntarme «¿qué quiero yo?» sin sentirme egoísta por hacerlo.
No necesitaba convertirme en otra mujer. Necesitaba reencontrarme con la que había olvidado por el camino. Y qué curioso: desde que volví a elegirme, todo empezó a tener un poquito más de sentido.
¿A ti también te ha pasado? Si te apetece acompañarte con música mientras lo piensas, escucha Alma Abierta.

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