A todas las que fui: a la niña que soñaba, a la joven que se equivocó, a la mujer que aprendió a levantarse. Hoy las miro con ternura, sentada al atardecer junto al mar, con un baúl de fotos, cartas y un osito de peluche que guarda tantos años.
Ninguna de ellas fue en vano: cada una me trajo hasta aquí. Esta canción es un abrazo a todas mis versiones, porque quererse también es reconciliarse con el camino andado.
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