Hubo un tiempo en que la calle era nuestra: la calle de pueblo blanco al atardecer, con niños jugando hasta que caía el sol y la vida entera cabiendo en una acera.
Desde un balcón con flores, una mujer miraba aquel bullicio con ternura, mientras a lo lejos se recortaba la torre de la iglesia. Esta canción es un regreso a esos días en los que éramos libres sin saberlo, y en los que la calle, sencillamente, era hogar.
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