Hay mujeres que brillan con solo girar: un vestido largo de encaje beige, una terraza de piedra sobre el mar al atardecer, un pueblo blanco, faroles y buganvillas. Y ella, girando, linda, fuerte, real y libre.
Porque el brillo no se pide prestado: se lleva puesto, como un vestido que por fin sienta bien. Esta canción es para todas las que han aprendido a girar sobre sí mismas y a gustarse en el movimiento, con el alma encendida.
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