Categoría: Canciones

Canciones de Alma de Fuego.

  • Vestido y brillo

    Vestido y brillo

    Hay mujeres que brillan con solo girar: un vestido largo de encaje beige, una terraza de piedra sobre el mar al atardecer, un pueblo blanco, faroles y buganvillas. Y ella, girando, linda, fuerte, real y libre.

    Porque el brillo no se pide prestado: se lleva puesto, como un vestido que por fin sienta bien. Esta canción es para todas las que han aprendido a girar sobre sí mismas y a gustarse en el movimiento, con el alma encendida.

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  • Que me vea la vida

    Que me vea la vida

    Que me vea la vida como soy ahora: más libre, más yo, más feliz. Una mujer con gafas de sol y un perro asomados por la ventanilla de un coche en una carretera costera al atardecer, sobre el mar y un pueblo blanco costero, con el pelo al viento y una sonrisa.

    Que me vea así, sin esconderme y sin pedir permiso: la vida también se disfruta cuando una se atreve a ser vista tal y como es, con la alegría de quien por fin se reconoce.

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  • No nací para las jaulas

    No nací para las jaulas

    No nací para las jaulas: nací para el aire abierto, para el atardecer sobre el pueblo blanco y el mar. Una mujer de espaldas, con una guitarra y flores blancas, mira el horizonte y entiende que su sitio no está encerrado.

    Un pájaro sale de una jaula abierta y las hojas caen despacio, sin prisa y sin rabia. No se trata de romper con furia, sino de volar, simplemente, porque volar es lo natural cuando por fin se abre la puerta.

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  • Que venga el levante

    Que venga el levante

    Que venga el levante: que abra la ventana al atardecer sobre el mar, que haga volar los papeles y que despeine el pelo sin pedir permiso. Hay vientos que no se temen, se dejan venir.

    Después, estar en la costa rocosa al atardecer y caminar descalza por la playa, también al atardecer, con la calma de quien ya no se aferra. Soltar, respirar y dejar que el viento haga su parte: eso también es libertad.

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  • Mi padre, maestro de la calle

    Mi padre, maestro de la calle

    Mi padre fue maestro de la calle: no enseñaba en pizarras, sino en la vida de todos los días. Hablaba en la mesa de la cocina en el desayuno, entre tazas, pan y naranjas, y cada conversación dejaba una lección.

    Pagaba a un vendedor mayor en un mercado callejero, entre tomates y naranjas, con el respeto de quien sabe que el trato también educa. De noche, sentado en el bordillo de una calle con una taza de café que dice «Tú puedes» y un cartel que dice «Todo pasa y tú sigues», y hablando con un niño en una encimera de cocina, seguía enseñando lo esencial: seguir, con calma y con cariño.

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    💛 Si quieres saber cómo nació esta canción, lee la historia detrás de Mi padre, maestro de la calle.

  • Déjame ser

    Déjame ser

    Déjame ser: sin moldes, sin explicaciones, sin pedir permiso para existir a mi manera. Caminar un patio blanco y terracota al atardecer, entre buganvillas y faroles, y sentir que ese espacio también es mío.

    Ser en un campo de flores al atardecer sobre colinas de pueblo blanco, sosteniendo mi chal, y caminar descalza en agua poco profunda junto a un lago al atardecer, con faroles y un olivo. Ser, sencillamente, es la forma más libre de quererse.

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  • La tierra no se marcha de uno

    La tierra no se marcha de uno

    La tierra no se marcha de uno, aunque uno se marche con una maleta. Se queda en las fotos antiguas guardadas en la maleta, en los olores, en las voces y en la puerta que siempre se abre.

    Se queda en el abrazo de una mujer mayor en la puerta de una casa de pueblo blanco, con un cartel que dice «Aquí siempre serás mi niña», y en la calle del pueblo al atardecer, con la maleta en la mano. Vayas donde vayas, tus raíces caminan contigo.

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  • Tormentas y rosas

    Tormentas y rosas

    También hay lluvia, también hay floración. En un invernadero lleno de rosas rojas, con la lluvia en el cristal, una mujer sostiene una rosa roja al atardecer y sonríe a través de la tormenta.

    Porque no todas las tormentas marchitan: algunas riegan lo que somos. Esta canción celebra a quien florece incluso cuando llueve, con la fuerza serena de quien sabe que, tras la lluvia, las rosas huelen más fuerte.

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  • Todavía te cuento las cosas

    Todavía te cuento las cosas

    Todavía te cuento las cosas, aunque ya no estés. Lo hago en calma, con una taza en la cocina, junto a la ventana al atardecer sobre el mar, como si el aire supiera escucharte.

    Te lo cuento caminando el paseo marítimo al atardecer y también de noche, en una terraza con luces, un teléfono y una copa de vino. Contarte sigue siendo una forma de tenerte cerca, sin ruido y sin prisa.

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  • Tanito

    Tanito

    Tanito no es solo un perro: es el compañero fiel que está en el sofá al atardecer, que se arrodilla a nuestro lado, que nos acompaña mientras leemos y que camina con nosotros junto al mar.

    Gracias por tantas huellas en mi vida: esa frase resume lo que deja un amigo así, una presencia serena que no pide nada y lo da todo. Esta canción es un homenaje a esa gratitud, a la compañía que nos hace mejores y a la alegría de no caminar solos.

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