Todavía te cuento las cosas, aunque ya no estés. Lo hago en calma, con una taza en la cocina, junto a la ventana al atardecer sobre el mar, como si el aire supiera escucharte.
Te lo cuento caminando el paseo marítimo al atardecer y también de noche, en una terraza con luces, un teléfono y una copa de vino. Contarte sigue siendo una forma de tenerte cerca, sin ruido y sin prisa.
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