No nací para las jaulas: nací para el aire abierto, para el atardecer sobre el pueblo blanco y el mar. Una mujer de espaldas, con una guitarra y flores blancas, mira el horizonte y entiende que su sitio no está encerrado.
Un pájaro sale de una jaula abierta y las hojas caen despacio, sin prisa y sin rabia. No se trata de romper con furia, sino de volar, simplemente, porque volar es lo natural cuando por fin se abre la puerta.
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