Un día me miré y me di cuenta de algo: ya no soy la de antes. He cambiado prioridades, he soltado cosas, he aprendido a decir que no, y empiezo a reconocerme de nuevo.
No estoy volviendo a ser quien era. Estoy despertando siendo más yo que nunca.
Es una sensación tranquila, sin fuegos artificiales: abrir la ventana por la mañana, respirar hondo y notar que hay más espacio dentro de mí que antes. Que no tengo que demostrar nada, y que puedo caminar a mi ritmo.
Si hoy sientes que algo en ti también se está despertando, no lo apures. Y si quieres música para acompañarlo, escucha Alma Abierta.

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