Categoría: Detrás de la canción

La historia personal que hay detrás de cada una de mis canciones.

  • Detrás de Mi padre, maestro de la calle: lo que entendí demasiado tarde

    Detrás de Mi padre, maestro de la calle: lo que entendí demasiado tarde

    Mi padre no hablaba de libros. Hablaba de saber mirar, de conocer a las personas por cómo tratan a los demás, de cumplir la palabra aunque cueste. Me lo decía en la mesa de la cocina, entre el pan y las tazas, con cuatro frases que entonces me parecían simples consejos de padre.

    Pasaron los años y la vida me apretó, como aprieta a todos. Y fue ahí, en los momentos difíciles, cuando empecé a oír su voz dentro de mí: «mira siempre de frente», «que nadie decida por ti», «haz lo que tengas que hacer». No eran frases. Eran maneras de vivir.

    Lo que más me emociona es que ahora, a veces, abro la boca y me sale una suya. Me quedo callada un segundo, sonrío y pienso: qué poco a poco se nos van quedando los padres dentro.

    Escribí Mi padre, maestro de la calle para darle las gracias de la única forma que sé: cantando. Para decirle que, aunque tardé en comprenderlo, al final sí le escuché. Si tú también tienes a alguien que te enseñó sin enseñar, dedícale hoy esta canción. A veces un «gracias» tarda años en encontrar su música.

  • Detrás de Yo también fui hija de alguien: cuando me toca cuidar a mí

    Detrás de Yo también fui hija de alguien: cuando me toca cuidar a mí

    Sé quién tiene frío en casa, quién ha comido y quién no, quién responde distinto cuando algo le duele por dentro. Tengo un remedio para casi todo y, cuando a los míos se les cae el mundo, siempre me vienen a buscar. Y me gusta ser ese sitio. Pero hay días en que me pesa.

    Esta canción nació de una de esas tardes en las que algo me salió mal y mi primer pensamiento fue: «voy a llamar a mamá». Y ahí, a medio camino entre el gesto y el recuerdo, me quedé parada. Porque durante unos segundos no quería ser la que puede con todo. Quería que alguien me dijera: «ven, que ya está».

    Cuando abrazo a mis hijos empiezo a entender de verdad a mi madre. Quizá ella también tuvo días en los que necesitaba a la suya, otra vez, aunque fuera cinco minutos. Qué tarde entendemos a una madre, hasta que un día nos parecemos a ella.

    Yo también fui hija de alguien es para todas las que cuidan y a veces necesitan que las cuiden. Escúchala si te hace falta, y abrázate un poquito de mi parte. Tú también fuiste la hija de alguien. Y mereces descansar.

  • Detrás de Algún día: lo que me digo cuando ya no puedo más

    Detrás de Algún día: lo que me digo cuando ya no puedo más

    Hay mañanas en las que me levanto cansada antes de empezar. La cocina con papeles por ordenar, una cuenta pendiente, un problema que se enreda con otro. Hago lo que puedo y algo más, y justo cuando creo que salgo a flote, otra piedra vuelve a rodar. Esta canción nació en una de esas mañanas.

    No la escribí desde la positividad fácil. La escribí desde el cansancio de verdad, ese en el que una se sienta con el café y piensa: «¿hasta cuándo?». Y, sin embargo, en medio de todo, apareció una lucecita pequeñita que nunca he conseguido apagar. No sé de dónde sale. Pero en mis peores noches siempre me susurra lo mismo: aguanta un poquito más.

    Algún día es esa frase hecha canción. No te promete que mañana todo se arregle; te dice que no hace falta que sea mañana, que solo hace falta seguir creyendo. Y que si la vida tarda, yo la espero de pie.

    Si hoy te pesa el día, ponla bajito mientras desayunas, con calma. Y ahora cuéntame, ¿qué «algún día» llevas tú dentro? Yo ya sé que el mío llegará. Y qué bonito será poder decir: «¿ves? Al final llegó».

  • Detrás de Alma Abierta: el día que dejé de huir de mí

    Detrás de Alma Abierta: el día que dejé de huir de mí

    Durante mucho tiempo pensé que ser fuerte era no sentir. Apretaba los dientes, sonreía y seguía adelante, aunque por dentro algo se me iba quedando pequeño. Un atardecer, sentada frente al mar con una taza entre las manos, me di cuenta de que llevaba años persiguiendo espejismos: personas que no se quedaban, promesas que se evaporaban, una versión de mí que nunca terminaba de llegar.

    Ese día no pasó nada extraordinario. Y justo por eso lo recuerdo tanto. Respiré hondo, cerré los ojos y noté algo que no sentía desde hacía mucho: calma. Una paz sencilla, sin ruido, que no venía de fuera. Siempre había estado dentro de mí, esperando a que dejara de correr.

    De ahí nació Alma Abierta. Escribí la letra casi de una sentada, con el corazón todavía temblando, y cada verso es algo que necesitaba oírme decir: que de cada caída hay una forma de levantarse, que puedo mirarme con ternura y que abrir el alma no es debilidad, es valentía.

    Si hoy estás en ese punto en el que todo pesa, te dejo la canción como quien te deja una manta en el regazo. Escúchala sin prisa, aquí te espera, y quédate el rato que necesites. Yo estuve donde estás tú, y te prometo que se puede volver a casa.