Me hablaba fatal. Si se lo hubiera dicho a una amiga, me habría muerto de vergüenza, pero a mí misma me lo decía todos los días: «No llegas», «Otra vez lo has hecho mal», «Podrías esforzarte más».
Un día me pillé en pleno monólogo frente al espejo y me pregunté: ¿le hablaría así a la niña que fui? La respuesta me partió por dentro y a la vez me abrió una puerta. Desde entonces practico algo muy simple: hablarme como hablaría a alguien a quien quiero.
No siempre me sale. Hay días de recaída y no pasa nada. Pero cada vez que me trato con cariño, algo en mí se ablanda y se enciende a la vez. De eso va mi música, de esa ternura que se aprende poco a poco. Si quieres acompañarte con una canción, te dejo Alma Abierta.
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