Ya no se siente culpable

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Ya no se siente culpable por descansar, por decir que no, por elegir su paz. La culpa que tanto pesaba se va disolviendo, poco a poco, como el sol que se despide sobre el mar desde la ventana, al atardecer.

Hay calma en el patio de buganvillas, junto a la fuente, lavándose las manos entre pétalos, como quien se limpia por dentro y vuelve a empezar. Sin reproches, sin explicaciones: solo la certeza de que cuidarse también es una forma de quererse.

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