Aprendiendo a estar sola

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Aprender a estar sola no es quedarse sola: es descubrir que la propia compañía también abraza. Mirarse en el espejo al atardecer, entre velas, y reconocerse con ternura, sin prisa por gustar a nadie más.

Es abrir los brazos en un campo de flores al atardecer y caminar descalza por la playa, también al atardecer, sintiendo que la calma no se pide prestada: se cultiva dentro. Estar sola, así, es amor propio en su forma más serena.

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