Ya no busca excusas y, por fin, camina libre. Sin pretextos ni miedos que la detengan, recorre el pueblo blanco al atardecer, pisa descalza la arena de la playa al caer el sol y conduce por la carretera de la costa en descapotable, con el viento en la cara y la calma en el pecho. No buscar excusas también es quererse: es elegir el camino y disfrutarlo.

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